Our department. Our printer
Sábanas blancas. Muebles oscuros. Una cocina moderna. Electrodomésticos negros y grises. Ventanas grandes, muchas ventanas. Luz natural, muchísima. Impresora nueva.
- ¿Te ayudo?- Es que yo se que puedo.
- Lo que tienen estas impresoras es que se llenan de este lado.
Le mostró como se hacía, y por mas que ella intentó mantener su postura, no pudo.
- Gracias.
Frunció los labios para no sonreír y miró para otro lado, pero sabía que aunque no mostraba sus dientes, sus ojos hablaban por ella. Decían todo.
Con el tiempo, él había logrado aprender a descifrar esos pequeños códigos que ella soltaba esporádicamente. Ya no esperaba una demostración enorme de afecto, entendía que su forma de expresarse era diferente.
- De nada
Ella volteó, cualquiera habría notado lo que se sentía en el lugar.
Él sonrió para si mismo, la forma en la que ella evitaba mirarlo a los ojos siempre le causaba gracia. Corrió su cara para que sus ojos se encontraran, y todos los esfuerzos que ella había hecho hasta el momento para no sonreír se deshicieron en una milésima de segundo.
- ¿Mate?
Salió hacia la cocina, rascándose el brazo como siempre que estaba nerviosa. Él le causaba escalofríos y ella detestaba sentirse tan vulnerable.
- Vos pones el agua y yo cebo.
Las cosas estaban justo donde tenían que estar. Pocas parejas tenían esa chispa, lo suyo era único. Eran dos piezas de rompecabezas que encajaban perfectamente.
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