A futuro
Soy de la clase de persona que le gusta pensar a futuro. Y no me refiero a una sola cosa, me refiero a todo. Pienso en el día que me reciba y en qué pasaría si no lo hago. Me pienso casada y con hijos dentro de diez años, y me pienso muerta por un accidente automovilístico en tres, pienso en lo que pasaría si todo en la vida mágicamente me sale bien o si todo me sale mal o si me sale la mitad y la mitad. Como decía, en todo.
Me gusta sentir que tengo cierto control sobre mi futuro, que se qué hacer en el caso de que cierta situación suceda de cierta manera, de que voy a saber como actuar al respecto. Porque ya lo pensé.
Obvio que hay cosas que no pienso porque no hay peor que el que no quiere ver. Vos, por ejemplo. Nunca se me cruzó por la cabeza la idea de conocer a alguien en mi primer año de vida facultativa, mucho menos que permaneciera conmigo llegando a la mitad del segundo.
El otro día te pregunté qué pasaría si terminamos y nos damos cuenta de que no tendríamos que haber terminado ¿volveríamos? Me prometiste por el meñique que si, pero te fastidiaste diciendo que te molesta que siempre piense en que va a pasar cuando terminemos. Me gusta pensarlo, no voy a tener el control sobre el final de nuestra relación, pero si lo puedo tener sobre como voy a actuar en el caso de que suceda.
Pienso en todo, entendeme. No sólo en lo malo, pero para lo bueno, no necesito la preparación mental que necesitaría en el caso de que todo salga mal.
Te imagino tirandome huevo y harina el día que me reciba, te imagino elegante sport en el registro civil cuando nos casemos, te imagino hablándome una mañana temprano mientras esté muy dormida como para contestar cuando vivamos juntos.
Te imagino conmigo en el futuro.
Dejame imaginarme qué hacer en el caso que no estés. Porque necesito estar preparada para eso.
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